Y el caminante decidió parar. Decidió sentarse a la vera del camino, echar la vista atrás para ver y recordar lo que llevaba andado. Bajó su fardo cargado de la espalda para ponerlo justo delante suya, y decidió sacar de él todos los sueños que tenia compartidos junto a ella. Hacia tiempo rebosaban de su equipaje, haciendo sacar la más amplia de su sonrisas cuando los miraba de reojo vigilando que ninguno se cayera. Hoy ya sólo se habían convertido en una carga, una pesada carga que a cada paso caía mas sobre los hombros. Incluso a veces le hacia tropezar y desmoronarse. Aun así, él, cuidadosamente, los cogía uno por uno y los volvía a guardar tal y como estaban.
Había llegado el momento de detenerse y hacer algo, demasiados traspiés. Los fue cogiendo y sosteniéndolos en las manos, mirándolos, imaginando por un momento que algunos de ellos se hicieran realidad. No pudo evitar la sonrisa al viajar a esos momentos ficticios. Tampoco el desasosiego de saber que eran sueños rotos que no deberían estar en su bagaje. Por ello, fue despidiéndose de ellos y colocandolos tras una pequeña parra al margen del camino, donde él sabrá que estarán guardados, pero a su vez de que no volverá a pasar por dicho sendero. Miró su fardo, le resultaba extraño verlo tan vacío, pero se lo echó a la espalda, le sorprendió la poca carga que suponía ahora, Con tal comodidad,con esa rara mezcla entre extrañeza y alegría, miró por última vez hacia atrás, se volvió y emprendió de nuevo su camino.
No hay comentarios:
Publicar un comentario