miércoles, 26 de octubre de 2011

Rutina

Con la primeras brisas veraniegas, un conejillo libre correteando por el parque, de aquí para allá, por todos lados, por todos los rincones. De vez en cuando se detiene, como si observará a todos los transeúntes. Después de mantener la vista en aquellos que se paran a mirarlo y comentar lo mono que les resulta el animalito, el conejo sigue correteando. Entre tanto trote, se para frente a una zona ajardinada. Agacha la cabeza y mueve el hocico para olisquearla. Parece como si lo conociese, como si apreciase aquel lugar. Incluso se le intuye algo nervioso por encontrarse de nuevo en ese lugar, entre excitado y asustado. Aunque después, tras esa situación, levanta la cabeza, y reemprende su actividad juguetona.

Y así, día tras día. Sin ser consciente de lo agotadora que puede resultar esa rutina.



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